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Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero Fotógrafo//
La requisa

Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero
La requisa

Cuando caí  en desgracia, logré  aterrizar con vida en el pabellón siete del Instituto Correccional Cesar Tabares.

Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero

Repetidor  compulsivo de frases hechas, no dejé de rumiar durante mi traslado la elegida para la circunstancia,  ” todo llega”. El todo, la inmensidad, el horizonte, siempre fue el mar para mí, el siempre lejos, el inalcanzable.  Evidentemente había caminado en sentido contrario a la maravilla. Posiblemente había llegado la hora de dejar de buscar culpables, de mirarme  para adentro, de saber quién era realmente, ” Me llaman el Francés, a sus órdenes” con voz de rescatista se presentó mi compañero de encierro, quien a partir de aquel momento, fue el amigo que perdí, el hermano que nunca tuve, el padre que no conocí. “Cuidate de las requisas”, fue su primer enseñanza, ” ¡ requisition ! ¡ requisition!”, gritó fuerte con sus manos delante de su boca a modo de bocina. Cuando escuchés estos gritos por los pasillos, podés  imaginarte que estás en la prisión de la Santé  si vos querés, lo que no podés  es moverte, quedate congelado en el lugar, deja que se lleven todo, nunca requisarán  tus pensamientos.” Politeísta, cuentista de profesión, divinizaba la mentira, más sus historias sudaban verdades. Cada relato, preciso y árido,  era caminar descalzo por un desierto en donde secretos escondidos  explotaban  como flores de cactus. Entablamos nuestro primer diálogo después de un monólogo interminable que comenzó con datos tan precisos como inútiles, altura, peso y perímetro de la Torre Eiffel, cantidad de puentes y ubicación exacta sobre el río Sena, horarios de visita del Louvre, fecha de  inauguración del Arco del Triunfo, siguió con un arsenal de palabras de origen galo que escupió  a repetición, jamón, bombón, capot, cabaret…, para finalizar con una conclusión que no sentí ajena.” He pasado mi vida estudiando a Francia, soñando con sus paisajes, hablando su idioma. Es mi lugar en el mundo al que nunca visitaré. Las desilusiones son directamente proporcionales a las expectativas. Ninguna realidad podrá superar lo imaginado. Lo mismo me sucede con Lucía,  poemas, retratos y canciones dedicadas a ella pero   que nunca conocerá. Los mejores amores son los que no se concretan. A los dos los llevo conmigo, ellos me otorgan la fuerza necesaria para poder seguir. Lo único que nunca tendré ni de Lucía ni de París, serán recuerdos.” Luego de un silencio tan prolongado  como reconfortante, me disparó su primer pregunta, ” Flaco, vos sos autista?” Le contesté rápidamente, ” No, soy albañil”. Aparentemente emocionado, gritó ” Masón, sos masón!!” , para proseguir después de la sorpresa con un apéndice de su cátedra presidiaria.” Los masones franceses levantaron las estructuras necesarias para edificar países en la vieja Europa.  Se alejaron de la iglesia y de la peste de las guerras, diseñaron naciones equitativas como un buen albañil limita los distintos ambientes de una casa. Lo repitieron en África. En América se puede ver la mano de los constructores en los distintos  estados del país del norte. En cambio, a  Centroamérica no la pensaron, la dividieron para dominarla. Acá en el sur, los  que todavía resistimos envueltos en el sueño de la patria grande, no somos albañiles, somos candiles”. Creo que fue a partir de ese momento que comencé a dudar de su cordura. El franchute dormía profundamente  por  las noches,  sin embargo se levantaba muy nervioso, necesitaba fumar sus  diez cigarrillos diarios rápidamente  para poder estabilizarse. Con el tiempo me fui dando cuenta del significado de su vicio. Necesitaba hacer humo a   cada uno de  sus tormentos. Cada cigarro era un símbolo. Sólo llegué a  descubrir dos representaciones de su calvario. Una mañana de abstinencia lo extorsioné  con uno de mis Malboro, ” en la jerga quinielera el uno corresponde al agua, a quién te fumas con el primero?” Mientras encendía el tabaco con manos temblorosas   me dijo ” a mi viejo”. Otra tarde, empapado  en  cachuña, encendió el séptimo cartucho y junto con el humo soltó su confesión, ” el revólver, soy yo”. Luego de la ceremonia, parecía más tranquilo, silbando suavemente “La Bohemia” se quedaba mirando como hipnotizado  un viejo  almanaque  colgado en la pared con la imagen de dos cigüeñas, sintiendo nostalgia de lo que nunca pasó,  imaginando tal vez, todo lo que nunca haría. En la celda  sin brisa, azotan tornados de pensamientos. Esquivé  el pabellón de  la palabra tanto como el salto al vacío de mi compañero. Me  dediqué a matar el tiempo cocinando ladrillos de  recuerdos genuinos, inalterables, imperecederos. Don Vicente, el loco de la guerra, regando sus rosales de exposición, sumido en un silencio tenso, siempre a la espera de un nuevo bombardeo. La mirada de Ivana, tan blanca como sus guardapolvos, penetrando en la mía y esa sensación de mirarme con otros ojos por primera vez. La trompa de la F 100 frenando a milímetros de mi cabeza  y la felicidad de rescatar con vida a Carolina, mi gallina criada desde pollito.

Jose Antonio Oliveros

En el patio, por las tardes, aprendí a mirar el mar desde abajo.  Cardumen de pájaros, olas de nubes, quillas de aviones.  Para quien resiste parado en el fondo del océano, solo sueña en convertirse en buzo. Anoche hubo otra requisa, nada malo me encontraron. Los franceses poco saben sobre sótanos, las cantinas son cosas de tanos. Debajo de mi cama,  guardo en una bóveda, cientos de ladrillos compuestos con arcilla del alma, amasados con amor, cocidos en el horno de la nostalgia. Toda una vida construyendo  viviendas para inútiles con plata, es hora que levante mi propio rancho con materiales a prueba de mis propios fantasmas. Mi amigo no tuvo la misma suerte.  Marihuana en la billetera, una faca y una soga lo condenaron a buzón y traslado. Estigma, violencia y miedo tatuados  en su rostro, documento de identidad del nuevo habitante  de este pobrerío. Dicen que es de bien nacido devolver lo recibido. Como buen anfitrión, estreche su mano, lo miré a los ojos y le dije,  ” Me llaman el Masón, a sus órdenes. Cuidate mucho de las requisas”.

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